lunes, 27 de mayo de 2013

Marcha Navarredonda de la Rinconada, cueva de la Quilama, Navarredonda.


CRÓNICA DE LA MARCHA A LA CUEVA DE LA QUILAMA.

Día 25 de mayo de 2013.

 No eran las 9,30 de la mañana y ya estábamos el animoso grupo de Amigos Siempre 63 en el arranque de la carretera de Vecinos dispuestos a pasar un día de campo, de marcha, de compañerismo, a la vez que recordar uno de los lugares emblemáticos de las marchas de nuestros años en el seminario de Linares: la cueva de la Quilama.
Antes de partir damos buena cuenta de los churros y porras que, como de costumbre –y las buenas costumbres no se pueden perder-, nos han traído Adolfo y Ángela,  ¿y el chocolate?
También tenemos un recuerdo para nuestro amigo Fabi, que hoy pensaba estar aquí, pero una indisposición, esperemos que pasajera, lo tiene ingresado en el Hospital. Un recuerdo para él y su mujer, Pilar, y el deseo de que en la próxima marcha estén en la línea de salida junto a todos los demás.

Tras los protocolarios saludos, partimos por la carretera de Vecinos con destino a Navarredonda de la Rinconada, desde donde atacaremos la subida a la cueva. A ambos lados de la carretera la primavera nos muestra todo su esplendor, primero con campos de cereales, con sus distintos tonos de verdes, y luego las dehesas con sus encinas y sus valles recorridos por pequeños riachuelos y salpicadas de flores y de animales pastando y disfrutando de la paz de estos campos y de la buena temperatura que nos ha regalado este día.

En la plaza de Navarredonda nos reagrupamos de nuevo y nos planteamos la estrategia a seguir a partir de aquí. Como no todos ni todas pueden hacer el recorrido completo –los años y las dolencias van pesando-, marcamos un plan B  para subir en coche hasta no muy lejos de la cueva, donde a mediodía nos reagruparemos para comer.
Los más valientes, o atrevidos, o locos –tampoco hay tanta diferencia entre una cosa y otra-, salimos por el camino de los Molinos, dejando a ambos lados los huertos donde todavía los lugareños cultivan sus patatas, leguminosas y hortalizas “pal gasto”, y que poco a poco van abandonando a medida que los mayores se van haciendo muy mayores.

El camino, aunque va picando hacia arriba, se hace cómodo y pronto llegamos al paraje de Los Molinos donde contemplamos el estanque que antes servía para abastecer estos molinos y ahora utilizan para regar los huertos. También exploramos dos molinos totalmente destruidos  pero en los que todavía se pueden apreciar las piedras de moler, y en uno de ellos también la turbina. José Ignacio entona la canción y seguimos todos:
      “Vengo de moler, morena
      de los molinos de arriba…”

Sin perder mucho tiempo y tras las pertinentes fotos, seguimos subiendo –todo el camino es subida-, y llegamos pronto al paraje de Las Fuentes, donde quedamos sorprendidos ante la visión de una fuente en la que el agua mana a borbotones hacia arriba -fenómeno que muchos no habíamos visto nunca-, y de la que dice Adolfo que es el nacimiento del río Huebra, y no las fuentes del Cervero.

Y en este paraje de Las Fuentes salta una de las sorpresas del día: se nos presentan la reina mora Quilama y D. Rodrigo para hacernos entrega de la chapa, la camiseta y la pañoleta de Amigos Siempre 63, que recibimos con gran alborozo y que procedemos a ponernos inmediatamente. Aprovechamos la parada para tomar un refrigerio y probar el vino de la bota, y también, como niños, para saltar a la comba un rato y terminar algunos por los suelos medio derrengados ¡con lo que le queda a las piernas por delante hasta llegar a la cueva…!

Retomamos la marcha y entre robledales y aulagas en flor, pronto llegamos al camino Serrano, muy pendiente, en el que las piernas empiezan a manifestar sus primeras protestas, pero que nos va a dejar ya muy cerca de la base del Pico de la Cueva. Aquí se incorporan los del plan B y ahora ya todos juntos abandonamos este camino antes de que empiece a descender hacia La Bastida. Dejamos a la derecha el pico de la Corona y giramos a la izquierda para seguir el sendero marcado con montoncitos de piedras para llegar hasta las inmediaciones de la cueva. En este tramo nos detenemos varias veces para contemplar el paisaje: a la izquierda toda la penillanura salmantina como un inmenso mar de encinas salpicado de pequeños pueblos y fincas, y a la derecha toda la Sierra con sus montes redondeados y la Peña de Francia como vigía permanente.

A pesar de las ganas que hay por llegar a ver la cueva, y aprovechando que pasamos por delante de la Buitrera nos acercamos a su cresta para contemplar unas panorámicas que dejan boquiabierto a más de uno. Desde aquí se puede ver a la izquierda El Cervero, más abajo el Castill de Cabras y casi todo el recorrido de nuestra marcha de abril, San Miguel de Valero, con la Sierra de Béjar al fondo, abajo Valero y todo el valle del rio Quilamas, arriba el monte del Castillo, al fondo el pantano de Gabriel y Galán, más cerca pero al fondo La Alberca, la Peña del Huevo y la Peña de Francia y la Hastiala, y a la derecha, en la zona de transición entre la penillanura y la Sierra algunos pueblos como Cereceda, El Cabaco, El Maíllo… ¡una gozada para la vista¡

Y nos acercamos a la cueva. Tras un descenso corto pero muy pendiente y duro por las piedras sueltas y el peligro de salir rodando, llegamos a la boca de la cueva.

Casi 50 años separan aquella foto en la que un grupo de treintaitantos  seminaristas de Linares tapaban por completo la boca de la cueva y este momento en que volvemos, varios ya jubilados. Entonces subíamos a la boca de la cueva “gateando” por la roca, hoy atamos una cuerda que nos servirá de apoyo para poder subir.

Y en este momento vienen a nuestra mente las historias, las leyendas en torno a la cueva, la reina Quilama y su amor D. Rodrigo, el tesoro de Alarico que en ella se esconde, los ruidos y lamentos de la reina que salen de la cueva y que se oyen en las noches de luna llena…


Después de las fotos y con la emoción de haber disfrutado de un momento inolvidable volvemos sobre nuestros pasos para remontar el pico de la Cueva y dirigirnos hacia la ladera norte buscando la zona de la Peña Venero y el horno de cal donde nos disponemos a dar buena cuenta de las viandas que hemos preparado para reponer fuerzas, además de disfrutar del sol y la sombra de unas encinas y de las vistas que desde aquí tenemos.
No faltan el café, los chupitos, y, para mi sorpresa –segunda-, hasta unas botellas de champán que ha preparado mi mujer para celebrar con todos mis amigos mi reciente cumpleaños, del que también hacemos partícipe a José Ignacio que también los ha cumplido hace unos días.

La sobremesa se hace larga, y entre celebraciones, chascarrillos, cuentas y otros asuntos relacionados con los eventos próximos -alguno y alguna aprovecha también para dar una cabezadita-, se nos llegan las seis de la tarde, cuando iniciamos el camino de regreso, ahora ya más relajados, descendiendo por la pista hacia Navarredonda.

Antes de entrar en el pueblo nos acercamos al Parque Temático de la Charca donde recordamos algunos de los juegos tradicionales que allí se muestran y que nos hacen retornar unos cuantos años en nuestros recuerdos.

Ya en la plaza de Navarredonda, y después de pasar por el bar de Juanma a tomar unas cervezas, nos despedimos esperando vernos en la próxima, que será dentro de tres semanas desde Linares al Alagón.

Pero no todo termina aquí. Esta noche cuando te metas en la cama y no puedas dormir por el cansancio y el dolor de piernas, volverán a pasar por tu mente las fuentes, los molinos, las crestas de la Sierra, El Cervero, la cueva… Y cuando por fin te quedes dormido en tus sueños aparecerá la reina Quilama con sus lamentos y quizás te entregue el tesoro que muchos han buscado y que nadie ha encontrado. Pero será solamente un sueño.

Severiano Pérez García.


Puedes ver más fotos de este día en "FOTOS DE HOY"







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